Más ideas sueltas sobre lo que está ocurriendo en este lado del charco

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Típica tarde de Medellín (descontando el busecito en movimiento)

Publico el correo que envié a mis colegas en Barcelona. Más ideas sueltas, nada de discurso organizado.
Julio 27 de 2016
Estoy descubriendo muchas, muchísimas cosas. A veces (a menudo) paso miedo porque, desde luego, el país sigue en guerra. Y a pesar de que para mucha gente de la ciudad el conflicto ya quedo “lejos”, es decir, en las periferias, no lo es para tanto. Y como bien podéis imaginar, hay partes muy chungas en donde no se puede andar. Y claro, el tema de ser mujer, vamos, ahora sí que me siento como un pajarito enjaulado. O bueno, al menos a partir de las 19 de la tarde cuando se hace de noche y las niñas con razón no van a ningún lugar sola. Complicado.
La ciudad es maravillosa en cuanto al clima y, sobre todo, la gente. Los paisa son la hostia, jamás en mi vida he conocido gente tan, tan amable y vacana, como dicen aquí. Me ayudan con todo. Además, son bastante como los catalanes en el sentido de ser montañeros. No, no en el sentido del amor por los Pirineos. Aquí ser montañero significana no (querer) conocer más allá del valle de Aburrá. O sea, con Medellín se acaba el mundo. Y es un mundo bien riiiico que tienen aquí, o eso dicen. A pesar de que la tasa de homicidios ha vuelto a desplomar este año. Al menos la ciudad ganó el premio Nobel. Bien. Los paisa aman a su territorio y son muy, muy orgullosos de ello.
A mi sorpreder, también son muy trabajadores, y a eso quería llegar. Mi tutor de aquí, Luis Hernando Gómez, que es sociólogo, me está “cuidando” bien, pero también dándome mucho trabajo, lo cual está bien. Hoy tuve mi primer día de trabajo de campo por allí en la comuna 6 que es un distrito de la ciudad más bien pobre. Para contextualizar, aquí hay un sistema muy fuerte de estratificación: el precio de gastos de agua, luz y gas se calcula según el estrato que uno tiene/en el que vive, así que el estrato 1-2 paga poco y los “ricos” del 4-6 subvencionan el consumo de los “pobres”. A mi humilde opinión, está todo mal, totalmente basado en la reproducción social de la pobreza. Y riqueza. En fin. La situación en la comuna 6 está chunga, este sábado hubo dos homicidios por allí por  el tema de “fronteras invisibles”, o sea conflictos entre bandillas que reinan en varias partes del barrio de Castilla. No sabía que la cosa estaba tan caliente cuando programé la entrevista con unos chavales de allí, pero al final tampoco fue nada del otro mundo. Me recibieron unos rastafaris muy lindos que llevan 12 años haciendo su música pacífica desde el barrio. Muy buena onda.
Antes de ver a ellos tuve otra entrevista en el Parque Biblioteca Doce de Octubre  que forma parte de la red de bibliotecas. Es decir, es una entidad institucionalizada, pero que, según el gestor de la biblioteca, tiene mucha libertad a la hora de programar las actividades. El enceuntro me ayudó bastante entender las dinámicas de todo aquello y hacer más contactos con otra gente que trabaja con proyectos comunitarios-musicales en el barrio. Esta biblioteca está situada arriba-arriba en la comuna 6, lo cual hace que el acceso al barrio sea un poco más pesado. Como en muchas comunas periféricas, una parte importante de la población de allá son los desplazados por la guerra y la violencia, provenientes de diferentes pueblos de Antioquia. Hoy conocí a dos chicos qua habían llegado a Medellín por esta misma razón: los paramilitares habían entrado en su pueblo para supuestamente limpiarlo de la guerrilla, lo cual generó una situación de inseguridad constante y por tanto sus familias habían decidido marcharse para la ciudad de un día a otro. Muy duro, muy muy duro. Y a todo eso, eran unos personajes hermosísimas.
Bueno, como veis, la situación es muy compleja aquí y aunque todavía no tengo muchas amistades, cuento con la opinión y ayuda con varias personas que me van abriendo los ojos. De hecho, Juan Camilo, un paisa antropólogo que conocí en Barcelona, me invitó a dar alguna clase en la Universidad de Medellín que es donde trabaja él. Yo me siento completamente inútil porque la verdad es que con el conocimiento que la gente tiene aquí, lo mío parece una mera bobada estética. Voy  a tener que calcular su oferta. Lo que sí que prometí es que como fruto del trabajo que hago aquí, escribiría un artículo en colaboración con el tutor de aquí. No sé cuando, ni cómo, pero algo tiene que salir. Hay mucho input así que ALGO tiene que salir.
Ah y para rematar el tema del día (y de muchos días por venir):
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La Ciudad (que suena a) Guerra y las primeras visitas de trabajo de campo

Hoy la ciudad suena a pitos aún más que en un día normal porque la Nacional de Medellin juega en la final de la Copa Libertadores y esto es, evidentemente, la cosa más importante que puede ocurrir en la ciudad. El día laboral es reducido, igual que la movilidad por la ciudad debido a la masa de hinchas que han llegado aquí desde varias partes del país. El portero de mi edificio me enseña de manera secreta su camiseta del Nacional, escondida debajo del uniforme laboral; carritos de maní, cerveza, cigarros sueltos, helado, banderas del club, pitos etc aparecen de cada esquina de cada calle. Medellín se viste de blanco y verde mientras yo trato de vestirme de autóctona para llevar a cabo mis primeras visitas a entidades que trabajan con la música y el territorio.

Conseguir companía para explorar zonas conflictivas ha sido difícil y a la vez fácil. La tarea fue resuelta gracias a Couchsurfing donde demasiado gente me ofreció acompañarme. Qué lindos!
A las 7:45 del miércoles me encuentro en el metro Suramericana, esperando a que un chico que aún no conozco me lleve a un lugar que no conozco para hacer una entrevista con alguien que no conozco sobre un territorio que no conozco. Veo a un joven sentado, esperando, con dos cascos para la moto y pienso que debe ser el Christian. Se lo pregunto y el joven me contesta “No, no soy Christian. Ojalá lo fuera”. Vamos bien. Espero un ratico más y aparece mi querido transportista. Hermosísimo. Nos vamos a desayunar ya que le había propuesto invitarlo a un café para conocernos un poco y sobre todo, para devolverle de alguna manera el favor. Qué ingenua, obvio que no me deja pagar por el desayuno. Tan majo, con ojos grandes. Luego resultó que él es otra de los miles de personas desplazados hacia la ciudad por culpa de la violencia, en su caso de los paramilitares que invadieron su pueblo con la excusa de expulsar la guerilla (que no tenía presencia en el pueblo) y que con ello lo convirtieron en otro de los numerables pueblos-fantasma, resultado de la guerra. Y a todo eso, tan lindo y amable el chico. Me subió a la biblioteca en su motito, practicando el típico estilo pueblerino- metiéndose entre camiones y coches. Pero llegamos bien al Parque Biblioteca Doce de octubre. El gestor Gabriel Fernando Londoño que me recibió fue muy amable y me hizo una visita de dos horas.
La llegada a Tarmac fue algo más “complicado” reflejado sobre todo a través del nerviosismo del taxista que parecía temer la zona de Castilla, lugar de frecuentes homicidios, los más recientes de hace cinco días. Pero llegué bien. Los chicos pensaban que yo era de la Secretaría de la Alcaldía por una llamada que habían recibido el día anterior, pero no no nooo. Soy una rubia de Estonia, además músico. “Ah vaaaale. Pues…fumas?” “No, no gracias, ahorita mismo no” y se sacan su bote. Buena gente, pacíficos, rastafari.
Saliendo de la burbuja del bienestar del campus universitario vallado y del barrio del estrato 5 (sí, este sistema de estratificación huele a castas y reproduce las dinámicas que impiden a las personas salir de su situación socio-económica un tanto miserable), Medellín tiene unas dinámicas muy complejas de las que aún no me atrevo hablar. Mi comprensión de la ciudad llega hasta aquí: es bella, increíblemente bella, pero igual que las mujeres de este tipo, Medellín tiene su lado bien oscuro y yo me pregunto si la quiero conocer de verdad, o prefiero taparme los ojos y oídos y quedarme con el mero imaginario de lo bello. Estando en contacto con personas que trabajan en la esfera social, me voy enterando poco a poco del impacto que tiene la guerra (si, en formato del presente, porque la vaina sigue) especialmente en la población antioqueña. Y es muy lamentable que los desplazamientos sean tan comunes, que la gente cuente estas experiencias personales de manera tan “natural”. Pá soltar solo una cifra, el número de homicidios en Medellín aumentó un 80% en el mes de mayo de 2016 en respecto al año pasado, registrando 42 asesinatos frente al 24 del mayo de 2015. En el primer mes del año el aumento fue equivalente al 33%, y eso teniendo en cuenta que, según mi entendido, la táctica de mantener la tasa de homicidios baja es tan sencilla como llevar los cuerpos a otro municipio para que las cifras queden “bien”.

Cosas negativas aparte, y déjandome volver a lo imaginario, los paisas (gente de Medellín) que he conocido hasta la fecha son gente absolutamente maravillosa. No canso de repetir que no entiendo como puede haber una población tan, tan amable y servicial, es todo un misterio para mí ya que soy un miserable producto del individualismo nórdico que no ve más allá de su propia propia barriga.

Mientras sigo en mi camino de mirar, escuchar e inhalar esta sociedad, les dejo algunas fotos de las visitas de hoy.

 

 

Pasantía en Medellín, Colombia

Hace un tiempito ya que sentía la necesidad de vistar el país del llamado realismo mágico. Y ahora, aquí estoy por fin. Voy a ir publicando cositas en el blog, igual no serán de gran valor informativo, sino más bien fruto de mi percepción e imaginación. El post que sigue es la publicación que hice en mi página de Facebook después de mi visita a Ciudad Bolívar, un pueblo cafetero que queda a dos horas hacia el suroeste de Medellín. Tuve la ocasión de acompañar mi tutor de aquí de la Universidad Pontificia Bolivariana en su trabajo de investigación que estudia la noción que tienen las personas de allá sobre el concepto de “región” en su imaginario.

 

17 de Julio de 2016

Todavía no soy capaz de escribir nada decente sobre Colombia, por tanto os dejo sólo un trozito de lo que fue mi visita a la Ciudad Bolívar, un pueblo cafetero muy simpático. Tuve la suerte de alojarme en el mejor hostal de la ciudad, llamado Los Vitrales. El nombre del alojamiento se debe al hecho de compartir una pared (y sus hermosos vitrales) con la iglesia principal, lo cual me permitió escuchar unas cuantas misas, mi favorita siendo la que me despertó esta mañana a las 6 en mi bonita habitación que tenía cierto aire de un convento de monjas. La fuente sonora del vídeo es pues la grabación que hice a través de mi ventanita.
Más allá de cantos religiosos, hay tantísimas cosas que alimentan mi infinita curiosidad, por ejemplo ¿por qué es que la ocupación del espacio público en un pueblo como éste es 95% masculina? Y por qué en las heladerías no se vende helado, sino más bien alcohol? Por qué en el Centro Social del pueblo (que creo que también fue sólo un bar) no hubo ni una mujer? Como se hace la lulada? Y el sancocho? Cómo son los árboles de café? Casi que me sabe mal por la gente que me acompaña en mis viajes ya que mis preguntas no se acaban nunca. Y eso es lo que me encanta de estar aquí: estoy constantemente comiendo con mis ojos, con mis oídos y claramente con mi boca que ha tenido la suerte de probar tantos platos ricos que sin duda ninguna han hecho al Señor Colesterol más que feliz.