Tomar la plaza con la música

Esta semana he estado recorriendo las escuelas de música que forman parte de la Red de las Escuelas de Música de Medellín que nació en el año 1996 con el objetivo de dar a los pequeños habitantes de los barrios más desafortunados de la ciudad la oportunidad de aprender instrumentos poco comunes como el violín o el chelo. La música tenía que convertir en una oportunidad de vida. Y una arma de paz.

En la Escuela de Música Boston que está ubicada en el centro de Medellín (lo cuál implica ser una de las zonas más “movidas de la ciudad) están intentando organizarse a nivel comunitario para un fin formacional. Quieren hacer una toma de la plaza del frente de la escuela para que los niños puedan practicar su instrumento allí en el aire libre ya que en la escuela no hay espacio suficiente. Eso sí, en companía de los papás y la policía porque sino, eso acabaría siendo un fracaso total con niños golpeados e instrumentos robados. Hace poco que instrumentos como el violín se introdujo en los barrios, pero el delincuente ya conoce su valor monetario. Hay que tomar el parque para que los niños, los pequeños habitantes del barrio puedan hacer lo que les hace ilusión y lo que un día puede convertir en la oportunidad de su vida. Hay que liberar ese espacio público de su privatización delincuencial y vencer al ladrón con la práctica de música. Para alguien procedente de una provincia donde se jugaba en la calle hasta las horas nocturnas resulta difícil comprender que el mero hecho de seguir yendo a las clases de música puede ser un acto de resistencia a la delincuencia porque si uno deja de ir a la escuela por miedo de acabar dando el “paseo millonario”, se entrega la victoria a los mecanismos pervertidos cuyo ley es la fuerza violenta.

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Barrio Moravia. Del basurero de la ciudad de camino a la gentrificación

El día 18 de agosto volví a visitar a Moravia, uno de los primeros barrios de la ciudad “construidos por la gente,” como me contó don Orlei. Este señor es un vecino orgulloso del barrio que a dirario lleva a curiosas como yo a conocer las calles de esta zona de Medellín que hace poco se conocía como el basurero de la ciudad. Moravia, que empezó a estar poblado en los 1950s por campesinos y más tarde por los desplazados que se establecían en el barrio dedicándose en la recogida de basura, llegó a tener la mayor densidad poblacional de todo el país. Hoy, gracias a (o por culpa de) la transformación que se hizo del morro de basura en un jardín público, Moravia empieza a sentir la presión de varios agentes que tienen su interés en sacar aprovecho de esta zona bien ubicada. Como se ve en una de las fotos, sigue habiendo algo de resistencia y no todos los habitantes del morro fueron replazados (desplazados?), sin embargo, caminando por las calles de Moravia tuve el presentimiento que todo esto será tumbado de aquí en nada. Todo menos la gancha de fútbol (Foto 1) que fue arreglado por Pablo Escobar cuando el capo estaba de campaña para el Congreso.

En la segunda foto se ve los últimos “ranchos” que quedan en los alrededores y dentro del morro que era una montaña de basura, nacida inicialmente en una laguna del río Medellín a la que la gente iba tirando los desechos. En el 1977 con la aprobación del decreto municipal, el morro se convirtió oficialmente en el basurero de la ciudad. El morro llegó a tener una altura de 48 metros y más de 4000 familias habitando sobre ella, la mayoría de ellos viviendo del reciclaje y de economía informal.